Facultad de Arquitectura y Urbanismo
de la Universidad de Chile

Guerra
Juan Pablo Arancibia
Universidad de Santiago de Chile
Escuela de Periodismo
¿Cómo es posible este flagelo en democracia, precisamente en un régimen político que se supone nos reconcilia, nos resguarda y pone a salvo de aquellas violencias y atropellos? ¿Cómo vuelve a ocurrir aquello que tanto nos habían prometido que: «¡Ya Nunca Más!»?

«GUERRA Y DEMOCRACIA»

Sebastián Piñera declaró la guerra: decretó Estado de Excepción, toque de queda, militares a la calle. Resultado: decenas de muertos, cientos de personas heridas, miles detenidas, muchas de ellas torturadas. “¡Estamos en guerra!” Declamó el Presidente.

¿Qué significa eso exactamente? ¿Cómo entender ahí la palabra guerra? ¿Cuál es su distancia o relación con la política y, muy específicamente con la democracia? ¿Cómo es posible este flagelo en democracia, precisamente en un régimen político que se supone nos reconcilia, nos resguarda y pone a salvo de aquellas violencias y atropellos? ¿Cómo vuelve a ocurrir aquello que tanto nos habían prometido que: «¡Ya Nunca Más!»?

Compartimos una sucinta reflexión: En el capítulo XXIV del tomo primero de «El Capital» Marx explica la “Acumulación Originaria”. Este acontecimiento histórico traza el inicio donde unos muy pocos se enriquecen sin trabajar, mientras la gran mayoría de trabajadores(as) es condenada a sobrevivir vendiendo su pelleja. Marx sostiene: «Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavización, el robo, el asesinato, la violencia» (p.607).

Asimismo, en la XII tesis «Sobre el concepto de Historia», Benjamin advierte que la socialdemocracia históricamente hace olvidar a los trabajadores su condición de oprimidos y la legitimidad de su lucha, resignándoles a una redentora esperanza depositada en las “generaciones futuras” (p.150). Así, se ha producido todo un saber histórico destinado a borrar y olvidar el principio cruento que constituye toda relación de dominación.

Benjamin entonces distingue entre «violencia mítica» y «violencia divina»: «Si la violencia mítica funda el derecho, la violencia divina lo destruye. Si una amenaza, la otra golpea. Si la primera es sangrienta, la segunda es letal sin derramar una gota de sangre» (Para una crítica de la violencia, p.58).

Esta relación histórica entre política y violencia ha sido conceptualizada desde la antigüedad clásica con diversos vocablos y conceptos: «agón», «pólemos», «stásis», «kratos», «conatus» «bellum», entre otros. En castellano la palabra para designar esta condición es: «Guerra».

Heráclito tempranamente proclama: «La guerra es madre de todas las cosas, reina todas las cosas, y hace parecer a unos como dioses, a otros como hombres, y hace a unos libres y a otros esclavos» (fragmento 53).

Esta palabra «Guerra», ha sido acompañada de una significación catastrófica y calamitosa. Tucídides la refiere como: «el triunfo de la crueldad, el goce del desenfreno y la cólera (…) los horrores y calamidades que ocurren y que siempre ocurrirán mientras la naturaleza humana sea la misma». (Historia de la Guerra del Peloponeso, Libro I-II-III, 41,4- 81, 2 -82, 3).
Desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, la Guerra ha sido un problema para el pensamiento político. Históricamente, cada vez que los oprimidos se rebelan, los opresores desatan la masacre. Piñera al declarar su guerra unilateral contra el pueblo no hace más que evidenciar ―sino confesar― aquella constante histórica que los pobres y trabajadores sufren cotidianamente, aquella que Benjamin advirtió con lucidez: «El principio y fundamento del Derecho es la violencia efectiva de los grandes poderosos contra los oprimidos».